Los Diez Mandamientos (IV)

Por admin | 17 de July del 2008 |

Respetar para ser respetado

Para ser realmente escuchado por sus dirigidos, un líder debe antes ganarse su respeto. Y para eso, Bianchi también tiene una fórmula de la que nunca se aparta. “El respeto se gana respetando -dice-, igual que en una familia. Para que los hijos aprendan a respetarlo a uno, hay que respetarlos primero a ellos y a su madre. Si hay algo de lo que me puedo jactar, es de que nunca le falté el respeto a ningún jugador”.

Dentro de este mandamiento bianchístico estaría incluido otro que, según el técnico, cualquier conductor debe cumplir indispensablemente para obtener el respeto de sus subordinados: no mentirles. “Hay que hacerles comprender que uno es sincero, que les va de frente. No hay que dejar el mínimo resquicio para que desconfíen o nos puedan reprochar algo”, sentencia.

Para ilustrar esto, Bianchi suele recordar que, en sus comienzos como goleador en Vélez, un director técnico que lo tenía relegado al banco de suplentes le decía, como única explicación o justificación para tal medida, “vos estás para el Real Madrid”.  “Pero si no podía jugar como titular en la primera de Vélez, ¿cómo iba a estar para el Real Madrid?”, completa la anécdota el propio Carlitos.

Mostrar respeto implica también para el DT no caer en el autoritarismo al que muchos líderes son propensos, pretendiendo imponerse mediante un uso inapropiado de la voz o actitudes casi castrenses. Al respecto, Bianchi prescribe: “Las órdenes son órdenes y deben quedar claras, pero hay que darlas con tacto. El líder sabe que tiene el poder, pero el poder no lo tiene que hacer equivocar. Hay que ser muy medido con el poder. Se debe respetar a todos por igual y no infundir respeto a través del miedo”.

Una de las virtudes del Virrey que más destacan sus dirigidos, justamente, es que, como un ex jugador y colaborador suyo dijera hace un tiempo, “impone respeto y es muy difícil entrar en conflicto con él, porque sabe manejar las situaciones límite y no lleva a la tirantez”.

“Sólo hay que gritar cuando es estrictamente necesario”, resume el DT antes de dar otra anécdota con su sello: “Recuerdo que me enojé mucho una vez. Le habíamos ganado 6 a 2 a Huracán en cancha de Boca y algunos jugadores se habían creído con derecho a sobrar a los rivales, jugando para el ‘ole’ de los hinchas más que para seguir haciendo goles. Les faltamos el respeto, y eso no corresponde. Entonces, me encerré con ellos en el vestuario, y ahí sí que me escucharon”.

¿Hace falta a esta altura decir que, en el Mundo Bianchi, esta regla del respeto corre con propios y ajenos? Por las dudas, otros dos testimonios del técnico así lo certifican: 1) “Los buenos profesionales no sobran a los contrarios. La mejor manera de respetarlos es haciéndoles todos los goles que se pueda, pero sin tratar de gozarlos”. 2) “Nunca hay que provocar al competidor, porque generamos que le salgan el orgullo y la bronca de adentro con más fuerza que antes. Si respetamos al adversario, ganamos puntos. Si lo menospreciamos, lo ponemos de pie”.

En esta relación de mutuo respeto tan necesario en todo grupo de trabajo, finalmente, no menos importante que lo ya mencionado será, según Bianchi, el espacio que el conductor deje a sus subordinados para que se expresen: “No debe haber problemas en que lo hagan, siempre y cuando no se desubiquen. Ahí está la frontera. Una vez un jugador se me largó a llorar antes de una final, y yo lo respeté”.

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