Objetivos ocultos

Por Fernando Braga Menéndez | 8 de Julio del 2008 | 692 Comentarios

Hay varias discusiones cruciales en el trasfondo del conflicto entre el gobierno y el “campo”, más allá de tanta desmesura y tanta sobreactuación en vano. Y digo cruciales porque, depende de la resolución que tengan, podrá avizorarse qué país tendremos en los próximos años. Una de estas cuestiones gira en torno del rol del Estado en la economía y la vida social. A eso quiero referirme en este posteo.

Se esté a favor o se esté en contra, nadie puede negar que con la gestión de los Kirchner hubo un evidente cambio en el papel del Estado. Ya no es el “Estado mínimo” de los noventa, ese que tanto gustaba a nuestros liberales. Ni tampoco el “Estado bobo” de otras épocas. Otras funciones, otras atribuciones, le fueron asignadas, con un objetivo claro y concreto: crear más empleo y riqueza, revertir los desequilibrios, no dejar que el mercado por sí sólo determine cómo se organiza la economía del país. Los resultados en sólo pocos años son abrumadores.

Justamente eso es lo que se cuestiona por estos días, de manera subrepticia, solapada. Se cuestiona el rol que el kirchnerismo le ha dado al Estado, ese rol que tanto contribuyó a la recuperación del país. Un Estado activo, interventor, que tanto ayudó a articular las piezas perdidas de ese rompecabezas que era la Argentina luego de la larga noche neoliberal. ¿Se acuerdan? Había que achicar el Estado para agrandar la Nación. Y así quedamos: patas para arriba. Sin Estado y, casi, sin Nación.

Que así suceda, que triunfe la vuelta del mercado sin regulaciones, es lo que pretenden los viejos gurúes fracasados y sus nuevos socios en los medios y en el campo. Pero esto puede ser muy nocivo, sobre todo para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Por caso, los pequeños productores, esos que durante años pidieron precios sostén para sus productos. Esos que hoy no aceptan las compensaciones ni los reintegros. El argumento: que esos desembolsos no les van a llegar, que el Estado es ineficaz o que la burocracia del gobierno los va a dejar con las manos vacías.

Son temores comprensibles, es cierto. Nuestro Estado no es el mejor aceitado del orbe ni el más eficaz, pero cuánto de esa ineficacia tiene que ver con la desarticulación de sus funciones, cuánto con los cantos de sirena de la desregulación y la apertura indiscriminada de las décadas pasadas que tanto aplaudieron quienes hoy se quejan. Los temores son comprensibles, pero también la certeza de que son estos mecanismos los que les van a permitir no caer en manos de los sectores más concentrados, esos mismos con los que hoy comparten protesta y que hasta ayer se quedaban con sus propiedades embargadas.

Esta lógica me recuerda al consenso que se generó a fuerza de chantaje durante los últimos años de la década del ochenta y los primeros noventa. Entonces se decía que las empresas públicas estaban mal administradas, que eso generaba déficit fiscal y que la mejor solución era privatizarlas. No se decía que era necesario hacer más eficiente al Estado. No, simplemente que había que privatizar, privatizar y entregarlas al “mercado”. Esa misma lógica pretende hoy erosionar la política del gobierno. Se les dice a los pequeños productores: no acepten la intervención del Estado porque es ineficaz. No acepten los reintegros porque nunca los cobrarán. Eso es lo que se dice, pero no es lo que está detrás. Lo que se quiere es que el Estado no se rearme para que los viejos desequilibrios perduren en el tiempo, para que se mantenga el viejo status quo.

El Gobierno, entre otras cosas, no sabe comunicar

Por Fernando Braga Menéndez | 3 de Julio del 2008 | 194 Comentarios

Se gobierna con recursos materiales y simbólicos, con palabras y hechos, apelando a la memoria histórica y prefigurando un horizonte. En dosis diversas, son elementos que no pueden faltar en la construcción diaria de poder. Tampoco las bases de sustento, el anclaje social, el abanico de adhesiones concretas, más allá del respaldo de los votos. Los gobiernos K los han tenido desde el 2003. De modo escaso, al comienzo, cuando una débil legitimidad de origen ponía como desafío consolidar la erosionada autoridad presidencial y restañar las heridas de un sistema político en plena crisis de representación. De modo amplio, luego, cuando se afianzó de cara a la sociedad, corriendo los límites de lo posible, dando respuestas a demandas postergadas, tanto del orden económico como social y político.

Ahora la situación parece otra, o por lo menos esa es la sensación que queda luego de infinitos días de conflicto con “el campo”. La capacidad de movilización mostrada por este sector, su naturaleza heterogénea, la multiplicidad de actores más allá de los tradicionales e instituidos, la dinámica que adquirió la puja implícita entre dirigencia y autoconvocados y, sobre todo, la alianza entre sus distintos segmentos, desnudaron el desconocimiento por parte de la sociedad y del gobierno, sobre este universo complejo y algunas falencias en la política de alianza posibles (y necesarias) con algunos de esos sectores. Y esto, más allá de la pertinencia de gravar su rentabilidad extraordinaria y poner fuera de discusión la potestad del Estado de intervenir en la economía del país. La cobertura sesgada de la mayoría de los medios masivos de comunicación pusieron sobre la mesa un nuevo mapa de adhesiones y detractores.

El panorama planteado en los días más álgidos del conflicto parecía tremebundo, al borde del acabose. Por lo menos, así lo leían ciertos analistas y lo fogoneaban la mayoría de los opositores. La amplitud en la cobertura que lograron los caceroleros, sobre todo los más enardecidos, mostraban eso, como si ese acotado universo de voces y cuerpos movilizados fuesen el todo o la representación más extendida de la opinión pública. Como respuesta llegó la canalización institucional a través del Congreso y la movilización numerosa de convencidos de la política K y de sectores que, por espanto, ante el intento de erosionar el poder del gobierno y, de ser posible, intentar forzar algún escenario destituyente, salieron a la calle a manifestar su apoyo. La reacción pareció tardía, pero llegó y empezó a suplir cierto quietismo inicial y cierta limitante en la forma de hacer política del kirchnerismo.

No hay estudios cuantitativos de real relevancia que muestren la magnitud del fenómeno de oposición al gobierno, sobre todo en las clases medias, urbanas y rurales. Si nos manejamos por la imagen que despliegan los medios, parece bastante extendida y con mucha vocación de exponer su irritación públicamente. Pero puede inferirse que esta imagen dista de ser la verdadera y, sobre todo, no parece que el rechazo sea tan sistemático y mecánico. A su vez, tampoco puede negarse que exista, como sí existe en los sectores medios una sensación de desapego mayor frente al gobierno de la que existía al momento de ser electo. Aunque, claro, quede por indagar sobre la relación entre esta exteriorización exaltada del descontento y el voto adverso en la Ciudad de Buenos Aires y los principales centros urbanos del interior del país durante las elecciones del año pasado, del que tanto jugo se sacó entonces y que parecía poner en cuestión la victoria oficialista, aun cuando ésta ya había ocurrido.

Cuánto de esto es parte de una actitud volátil ante una atmósfera mágicamente enrarecida que sobrevuela sobre el gobierno en tanto protagonista de un conflicto más largo de lo previsible; o cuánto de esto se debe a la poco profesional y pésima comunicación que hace el Gobierno de sus logros, su filosofía, la caracterización de sus adversarios, su pertenencia a uno de los 2 proyectos que se disputan a nuestro país desde hace 200 años, etc, etc., es un debate que deberá aclararse en los próximos meses. Lo que sí parece necesario es que el gobierno debe darse una política más concreta para ampliar su base social, para recuperar anclaje territorial, para sumar mucho más que a propios y convencidos.

La “crisis del campo”, más que cualquier otra cosa, hizo mella en ello, sobre todo en los pueblos del interior, donde la adhesión a la gestión K había sido revalidada en las urnas. Pero esto va a revertirse. El gobierno debe darse base social en el “campo”. Debe asumir el desafío. Tiene los recursos para hacerlo, y no sólo los materiales. Un gobierno preocupado por la distribución del ingreso debe apelar a la racionalidad de los productores (pequeños y medianos) para ponerlos de su lado, y esto más allá de la tarea difícil que resulta el enorme cambio cultural que ha atravesado al sector. Debe hacerlo, y hacerlo entre las grietas que dejan algunas de sus entidades, o por sobre ellas mismas. Debe hacerlo, con una política más integral, con más preocupaciones micro y sin resignar, necesariamente, ninguna de sus convicciones previas. La rentabilidad en ciernes y mucha más comunicación y difusión de los verdaderos objetivos del Gobierno, van a revertir en sumo grado la situación.

La sociedad les va a terminar poniendo el límite

Por Fernando Braga Menéndez | 9 de Junio del 2008 | 430 Comentarios

Desmedida, desmesurada, desbocada, la protesta del campo parece no tener fin.

Han tomado de rehenes al resto de la sociedad y no piensan liberarla.

Esto no quiere decir que no tengan derecho al reclamo, a la protesta, a la petición. Pueden reclamar, protestar, peticionar, porque así lo garantiza nuestra Constitución Nacional, pero también deben entender que todo tiene un límite.

Que no se puede jugar con el tiempo, el dinero y las actividades de los demás.

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De aquí en más

Por Fernando Braga Menéndez | 30 de Mayo del 2008 | 95 Comentarios

Los tiempos se aceleran, el escenario cambia, la dinámica del conflicto suma interrogantes y también algunas certezas. Sabemos que el “campo” prioriza, de modo cada vez más excluyente, la discusión por el carácter móvil de las retenciones y que el resto de las cuestiones (el tan mentado programa agrícola, la distribución del ingreso y la suerte de los productores más débiles) han quedado, en el mejor de los casos, como excusas para ganar adhesión en la sociedad. Sabemos que al “campo” no le interesa demasiado aceptar las compensaciones y los reintegros que ofrece el gobierno porque, entre otras, no podría cobrarlos debido al porcentaje elevado de evasión del sector. Sabemos que está atravesado por una lógica de doble juego (entre la intransigencia de las “bases” y la sobreactuación de la dirigencia) que impide llevar a buen término cualquier negociación que se emprenda. Sabemos que por más que la protesta coyunturalmente ceda, las condiciones del mercado internacional y los cambios culturales en el sector, presagian conflictos por venir de variado voltaje. Y sabemos que hay sectores que se han aupado en el conflicto para sacar provecho político de la incertidumbre e hincarle el diente al gobierno. Ese es parte del escenario complejo sobre el que se juegan las fichas.

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De Tilingos y Autodestructivos

Por Fernando Braga Menéndez | 15 de Mayo del 2008 | 279 Comentarios

Recuerdo que al poco tiempo de asumir Kirchner, se armó una especie de catástrofe nacional porque el Presidente no había podido atender a la Nº 1 mundial de Hewlett Packard. A la gente del pueblo le importaba mucho más que el Presidente continuara con el vértigo de intentar sacar al país del marasmo, creando miles de puestos de trabajo, reduciendo la deuda externa, etc. Yo no podía creer que se hiciera tremendo escándalo por tamaña estupidez. El terror básico era ¿qué van a pensar de nosotros en EEUU? ¿nos confundirán con un país bananero? ¿se darán cuenta de que somos un país de segunda? Pobre gente. Observando y evaluando a su propio y querido país, desde la mirada del otro (por supuesto el otro era EEUU; no Bolivia, Ecuador o Guatemala). Al poco tiempo Grondona y Longobardi me tuvieron 40 minutos en un programa de TV interrogándome indignados por qué K no había ido al velorio del Papa. Ciento setenta países no fueron al velorio del Papa, sólo aquí algunos intentaron fabricar con eso una tragedia.

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¿Unánimes o mediocres?

Por Fernando Braga Menéndez | 12 de Mayo del 2008 | 72 Comentarios

Puedo hacer una lista de 100, 200 (ó 500!) comunicadores, periodistas y opinólogos, que repiten las mismas opiniones y comentarios, ¡calcados!, sobre la riquísima actualidad política de nuestro país. Los grandes pensadores argentinos contemporáneos se desloman autoproclamándose democráticos, repiten que valoran la multiplicidad de ideas y la variedad de aportes, pero aterrorizados por el riesgo de sacar los pies del plato, de parecer distintos, de ser señalados, terminan repitiendo acusaciones y obviedades a coro. Todo me hace pensar que angustiados y quizás temblando, ante cualquier idea propia se preguntan “¿será políticamente correcto lo mío?”.

Es gravísimo, detestaban el pensamiento único y es lo único que hacen.

Imagino que al unísono y cada día, todos cantan bajo la ducha masajeándose las ideas con el mismo champú, ellos que tanto decían detestar los lavados de cerebro soviéticos.

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De Angeli, el monigote

Por Fernando Braga Menéndez | 24 de Abril del 2008 | 105 Comentarios

El martes estuvo el Jefe de Gabinete en el programa de Longobardi en C5N. Además de las preguntas tendenciosas y los brotes agresivos del conductor, mientras Alberto Fernandez hablaba y sin que él lo supiera, la pantalla se había dividido en 2 y en una de las mitades De Angeli haciendo de monigote acompañaba cada cosa que decía Fernandez con gesticulación descalificatoria. Se reía, se alzaba de hombros, se agarraba la cabeza, interrogaba con el racimo de deditos, etc. Lo mismo pasó el miércoles con Florencio Randazzo en TN. También cuando la Presidenta habló durante el conflicto y un todavía desconocido gesticulaba irónicamente desde la ruta cortada, equiparando a este ignoto ejemplar con la mujer que acababa de ganar con holgura y democráticamente las recientes elecciones nacionales.

Por supuesto, cuando en lo de Longobardi le tocó hablar a De Angeli, no se recurrió al golpe bajo de la pantalla dividida, a esa burla invisible para el entrevistado y las preguntas fueron mucho más conteporizadoras. Se lo dejó a este señor desplegar todo su show de gauchito humilde, en combo con su look de duro, amenazante y perdonavidas. Cuando pierde las elecciones, el establishment recurre siempre a este tipo de personajes auxiliares: Castells, el rabino Bergman, Blumberg, etc, etc. Los usan un tiempo, se regodean con esas travesuras o pequeñas venganzas pasajeras y luego ellos mismos se cansan y los tiran al cesto o, en su defecto, la aplanadora racional de la realidad los hace desaparecer indefectiblemente. El periodismo argentino que para asombro de la humanidad y escándalo de la razón se autocalifica como independiente, no sólo no analiza y aclara estos fenómenos, sino que los genera, los instala y es cómplice.

Lo mismo sucede cuando al entrevistado se lo trata con excesiva familiaridad, se lo tutea y se hace sentir “este es de los nuestros”, “estamos todos en el mismo y dulce montón”, a diferencia de a otros a los que se los aborda con recelo, prejuicios y nada de objetividad.

¿Recuerdan cuando realmente no había libertad de expresión (los argentinos decentes estábamos todos escondidos y aterrorizados) y el hipócrita y cosmopolita Sr. Neustadt se pavoneaba por el estudio exhibiendo sus cercanías: “¿cómo estás Adelina?”, “¿en qué andás María Julia?”

¿Caradurismo o despiste?

Por Fernando Braga Menéndez | 22 de Abril del 2008 | 60 Comentarios

Anoche mi zapping se detuvo alarmado en el canal TN. Estaban, con gesto adusto, Morales Solá, Norma Morandini, Patricia Bullrich y una diputada del PRO. Se detuvo alarmado porque la denuncia era gravísima: en la Argentina ya no hay más libertad de prensa. Era tal la impotencia y desesperación que emanaba de estos cuatro ciudadanos bienpensantes, y tan temerarias sus denuncias, que lo menos que podía esperarse –en un régimen dictatorial como el que estamos padeciendo- es que al salir del canal los esperara el camión celular para trasladarlos directo a la ESMA, el Vesubio, Orletti o, en el mejor de los casos a un gulag de la Siberia soviética. Se hablaba con soltura e insistencia de censura, control, mordazas, presiones y totalitarismo. Era evidente que querían verse a sí mismos como luchadores, mártires de la libertad de expresión. Morales Solá ridiculizó a la Presidenta, diciendo que lo que ella querría es ir corriendo por las redacciones a la hora de los cierres corrigiendo lo que no le gusta.

En un momento casi pisan el palito. Dijeron “sus acólitos dicen que hay libertad de prensa, bien, si la hay, que no nos la refrieguen porque no se la debemos al kirchnerismo, no es una gracia que ellos nos hayan otorgado”. Como a todos los gataflóricos, resulta muy difícil entenderlos. El kirchnerismo no refriega nada, sólo dice que hay libertad de prensa.

Apagué la TV angustiado. Recordé mi biblioteca, en la que siempre encuentro claridad y consuelo, y me dirigí sin dudar al estante de un francés que murió hace poco y un austríaco que murió hace casi 70 años. Freud y Baudrillard. Ambos representan más de un siglo de análisis sobre las distintas formas que adquiere la locura. De Freud me repasé todo lo referido a Delirios Colectivos y de Baudrillard lo de las Epidemias de Simulaciones. En ambos casos analizan momentos en que sociedades enfermas construyen situaciones imaginarias e inmolan su racionalidad porque les resulta de vida o muerte, imprescindible, creer en lo que necesitan creer. Nada se puede construir con gente que ha caído tan profundo. Son patologías que generalmente no se superan y, si se logra zafar, dejan indefectiblemente secuelas.

Para profundizar en las génesis de estas psicosis, hoy pienso dirigirme al estante de Miller (Arthur) y hojear por un rato Las Brujas de Salem.

Intencionalidad Editorial

Por Fernando Braga Menéndez | 10 de Abril del 2008 | 84 Comentarios

Bien, ya tenemos el nuevo escándalo. Esta semana se llama: “Observatorio de Medios & Menchi Sabat”.

Ya aparecieron los que siempre se indignan por anticipado pronosticando (deseando?) tragedias que nunca ocurren. Son los que dicen defender al periodismo independiente, a sabiendas de que tal cosa no existe.

Es honesto admitir la existencia de lo que se conoce como intencionalidad editorial.

Una manera rápida de comprender una materia tan resbalosa es hacerlo con un ejemplo y desde la omisión, que es la forma más invisible y efectiva que adopta la manipulación mediática.

Va un ejemplo.

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¿Qué se hace en estos casos?

Por Fernando Braga Menéndez | 9 de Abril del 2008 | 47 Comentarios

Nosotros tenemos una agencia de publicidad. Hace aproximadamente un mes, nos llegó una invitación del Banco Nación para competir en un concurso de agencias de publicidad.

Si bien el Banco Nación es una cuenta publicitaria muy importante, en el mismo día respondimos que no, porque nosotros ya tenemos la cuenta de un gran banco y en la Argentina (en Occidente) no se estila que una agencia atienda marcas que compiten entre sí.

A los pocos días apareció en el diario La Nación que nosotros habíamos armado una falsa licitación en complicidad con funcionarios del Banco Nación para obtener su cuenta publicitaria y que debido a que nos enteramos de que estaban por descubrirnos, nos bajamos del concurso con el pretexto de que teníamos otro banco.

Nos estaban diciendo que somos deshonestos, corruptos y tramposos.

¿Qué se hace en estos casos?

Contratar un abogado es perder plata. Mandar una carta aclaratoria a La Nación es perder tiempo.

Uno opta por callarse la boca, reconfirmar la prepotencia y mala fe de algunos medios y pensar que si uno adhiere a un proyecto transformador como lo es el del gobierno de los últimos 5 años, hay que pagar precios.