Me bajé del pinto en Tucumán al 400 y lo até a un buzón, porque con el precio de la nafta no quería sacar a pasear la siambretta, menos de noche. Igual caminé un par de cuadras por la zona, para recordar las viejas buenas noches de fines de los ‘40, cuando visitábamos los tugurios del bajo con Juancito Duarte. Hasta que me dejé de añorar y entré al bar estrafalario ese.
Estaba ahí para charlar con Federico Sánchez, el líder de The Peronists, a quien había conocido en uno de sus conciertos. El show audiovisual que dió entonces me dejó tan impresionado que me puse a escuchar sus discos ni bien llegué a casa en San Vicente.
The Peronists es una banda de cumbia, un género que no conocí hasta bien entrado los ‘90, de la mano de los mozos de cordel en la Chacarita que trabajaban con la Spika prendida. Pero no se parece en nada a eso: es una cumbia electrónica, deforme, con el ritmo alterado, hipnótica, remezclada.

The Peronists en vivo: Federico Sánchez y Lucas Gorthiry (Foto gentileza Mark van der Aa)
La banda es una “formación especial”: Sánchez puede tocar solo, o acompañado por el guitarrista Lucas Borthiry, o integrar trombones, percusión, violines y bajos hasta llegar a nueve integrantes. A mí, que me curtí con las orquestas típicas, con Gardel, Julio Sosa y Goyeneche, eso me fascinó e intrigó. Por eso, esperé a que el compañero terminara de pasar música y me dispuse a preguntarle el por qué de ese estilo extraño.
-De chico tenía dos casettes: uno de Nirvana, que me había pasado un pibe de la normal, y otro de cumbia. A mí me gustaban las que tenían punteos de guitarra porque yo era guitarrista. Era eso y el folklore, música coral, estaba en un coro de niños…
Todo muy lindo, pienso, pero no entiendo cómo alguien que escucha esa música termina tocando cumbias electrónicas en lugar de emular a nuestro querido don Atahualpa Yupanqui.
-Yo vivía en el sur de Tucumán, en La Reducción. Era un barrio pobre, las casas eran una mierda, pero los chabones tenían unos equipos de música que si se juntaban todos les hacían el sonido a los Stones, ¿entendés? La música es invasiva: vos escuchabas lo que escuchaba el que tenía los parlantes más grandes. Charles Ives, un gran compositor yanqui, cuenta que flasheaba cuando se reunían las diferentes bandas sinfónicas, tocaban en el Central Park de New York, y se armaba una cosa muy loca. A mí me pasaba lo mismo pero con cumbia: yo estaba solo en mi pieza, escuchaba la cumbia de mi vecino, la de mi otro vecino y la de enfrente, y se me generaba así una deformidad muy loca.
-¿Y cómo llegó, compañero, de eso a componer su música?
-A mí me gusta trabajar mucho la textura de la música y me gusta la superposición de una cosa que sea muy simple y que se vuelva compleja: agarrar una melodía de los Pibes Chorros, sacarla del curso rítmico, dejarla arriba, superponerla cuatro veces desfasada, le cambio las notas… Sigo teniendo la esencia rítmica de la cumbia pero le puedo cambiar la textura, el timbre, la armonía, un montón de parámetros que hasta ahora están como están desde los ‘90. Así laburé en Nacionalismo Electrónico. Voy siempre buscando la hipnósis del trip hop, del chill out en esas improvisaciones. Es una búsqueda textural con ritmo hipnótico de cumbia.
En el nombre del Pocho
Federico Sánchez nació en Tucumán 1984 y al principio se dedicó al folklore. Luego estudió tres años de instrumentista en la Escuela Superior de Artes Musicales de la UNT y cuando terminó se mudó a La Plata para formarse como compositor en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP.
En 2004, el escritor Amadeo Gandolfo y él decidieron que la patria y el mundo tenían un agujero, una necesidad básica insatisfecha: tenía que existir una banda llamada “The Peronists”, cueste lo que cueste. Así que la crearon, y lanzaron el primer disco de cumbia experimental: The Peronists Make Noise, con temas como Eva está drogada o Menem me produce terror y un sonido que oscila entre la electrónica, la psicodelia, lo tropical y el noise. La pregunta es inevitable:
-¿Cómo o por qué le pone esos nombres a las canciones?
Medio que entro en trance y tiro nombres como los raperos, onda Santa Kristina Retención de Líquidos. Los voy anotando y despues hago una segunda seleccion y filtrado de palabras, pero es un momento aparte, al final de todo. Al principio, en el primer disco, era más para joder con el peronismo. En el segundo, Nacionalismo Electrónico, ya es más relacionado a lo que me flasheaban los temas sonoramente, y joder con otras cosas, como Bolacero Rapero Design.
-Disculpe la pregunta, pero lo vengo llamando “compañero” hace rato y no sé si usted es peronista. ¿Lo es?
Mi familia es radical, en serio. Cuando tenía tres años, mis viejos me hicieron sacar una foto con traje, haciendo así como Alfonsín.

Federico Sánchez encarnando la “pesada herencia” de la familia radical. Foto: Juan Domingo Peron.
-Recuerdo que cuando lo fui a ver a Niceto, pasaban fotos mías y de Eva en pantalla ¿Y por qué incluye mi foto en sus discos y sus shows?
Eso lo hace VJ Vido, una video jockey amiga mía. Yo más o menos le voy dictando, que ponga cierta cantidad de iconografía peronista pero tampoco estar todo el tiempo poniendo caras de perón porque no da. Igual yo nunca puedo ver los sets del VJ porque estoy tocando, así que no sé lo que pasan.
La inclusión de iconografía peronista tiene que ver con el nombre y con decisiones estéticas visuales. Nosotros no ponemos “vote nada” o “Perón vuelve”; ponemos imágenes deformes. Hacemos la música que hacemos y usamos una estética que creemos de acuerdo al sonido, y usamos esos íconos. Podríamos haber usado montañas, banderas… Son simplemente signos fuertes, y por eso los uso. A mí me conviene poner tu cara en un vaso, molesto cognitivamente. Yo tengo tu atención, ¿qué hago? Juego al yo-yo o hago algo.

The Peronists en vivo: Federico Sánchez y Lucas Gorthiry. Foto: Germán Andrés Bonfá
-¿No tiene una visión político-histórica sobre el peronismo?
Yo vivo en el mundo del arte, ese es mi mundo, y de la política tomo esos signos y los uso. Me parece que el Peronismo es cualquier cosa: yo puedo ser peronista, cualquier cosa podría ser peronista, las velas, la coca, lo que sea, es justificable. El peronismo es tan polisémico como el arte. Uno escucha una canción, ponele de Spinetta, y uno flashea una cosa, otro otra, yo otra. El peronismo en teoría es una canción, uno entiende una cosa, otro agarra y dice que es peronista y es cualquier otra. Es polisémico, tiene muchos significados posibles.
Perón es irreproducible, el eslabón perdido. Hasta su timbre de voz tiene una cosa que es extraña. Nadie habla así. Nunca va a haber alguien que se parezca ni que hable como Perón. Es muy loco, es unívoco. Él también es hipnótico, un tipo que tiene un discurso que puede convencer a una montaña de que se transforme en mar. Y eso yo trato de trasladarlo a mi música. un discurso musical que sea capaz de hipnotizarte para un buen fin: tu trance y tu diversión.
-La diversión y el baile. Yo mismo, que no me muevo hace unas décadas, estuve sacándole viruta al piso toda la noche.
Yo busco trance, que es algo que le pasa al cerebro cuando se superponen dos ritmos diferentes (muestra un ejemplo chasqueando los dedos). El cerebro quiere bailar una cosa y el cuerpo no encuentra el beat, ahí entrás en trance. Es que si escuchás detenidamente, el beat es como que se pierde, se superpone, se cruza. Y la idea es colgarse y ahí que el cuerpo haga lo que quiera. Estamos tan estructurados para las cosas que nos tratamos de estructurar para bailar y la mejor forma de desestructurarse, la única, es volándose la cabeza.
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Federico Sánchez se presentará este viernes en la Fiesta Compass de Niceto Club, en Niceto Vega 5510, Palermo. Para más información, click aquí.