Feliz cumpleaños a mí

Por Juan Domingo Perón | 8 de Octubre del 2008 | 3 Comentarios


Infancia

-Mamá, es horrible esta torta, ¿no hay otra?
-No, comé y callate que sino se la doy a los oligarcas.
-Un día los niños seremos los únicos privilegiados.

Un día como hoy, pero de hace 115 años, nacía Juan Domingo Perón, que vendría a ser yo, en algún lugar de la provincia de Buenos Aires.

Esta afirmación, que puede parecer obvia, es de hecho un atrevimiento, porque todo lo relacionado a mi natalicio ha enfrentado a políticos e historiadores por décadas. Por no decir que es un verdadero descalabro.

La historia oficial dice que nací en Lobos, en 1895. Esto no es cierto: como alguna vez conté (y Jorge Antonio no me deja mentir), tengo dos años más que lo que cuentan los libros.

Ocurre que mi padre, Mario Tomás Perón, olvidó anotarme en el registro antes de los treinta días estipulados por ley. Tenía que pagar una multa por eso, y no podía alegar que no conocía la ley pues era médico. Entonces, dos años después, me anotó en el registro civil como recién nacido. Eso fue en Roque Pérez, que en ese entonces pertenecía a la localidad de Lobos.

Siempre fui un niño prodigio. Recuerdo perfectamente el día que nací y me alzó en brazos mi madre, Juana Sosa, hija de aborígenes. De ella heredé el amor por la tierra, por su gente, por el campo, por los animales, y un cabello eternamente azabache. Sí, me acuerdo del día que nací, ya les avisé que era un niño prodigio.

A los seis meses, ya gateando por mis pampas, pronuncié mis primeras palabras cerca de un grupo de gauchos: “¡Compañeros! No existe para el país más que una sóla clase de hombre: los que trabajan”. Después me di cuenta de que las veinte verdades peronistas no existían todavía, y que yo tampoco debía saber hablar por ese entonces, ante lo cual me recompuse y proferí: “Gu gu ga ga” y “mamá”. Felices los gauchos.

En esas mismas tierras aprendí a andar a caballo a mis tiernos dos años, y recorriámos los campos con mi hermano Avelino Mario… pero esa es una historia para otro día. Hoy sólo quiero dejarles mis saludos y un regalo para ustedes. Porque sí, aunque sea mi cumpleaños, hoy también quiero regalarle algo a mi pueblo.

Cumpleaños

Les envía un abrazo fraternal
Juan Domingo Perón

La Revolución Fusiladora

Por Juan Domingo Perón | 16 de Septiembre del 2008 | 30 Comentarios

Un día como hoy, pero de 1955, el General Eduardo Lonardi, que había tomado un micro a Córdoba pocos días antes, decide abandonar momentáneamente el cuarteto y el fernet con cola. El motivo: comenzaba la insurrección militar de la Restauración Fusiladora, también conocida como Revolución Libertadora.

Los enfrentamientos empezaron en las Escuelas de Artillería, Infantería y de Tropas Aerotransportadas, en Córdoba. Pronto, el movimiento insurreccional se extendió a la Base Naval de Río Santiago, al mismo Río de La Plata, Entre Ríos, Río Negro y otras provincias.

Como el 16 de junio, cuando la Fuerza Aérea bombardeó la Plaza de Mayo dejando al menos 300 muertos y miles de heridos, las acciones fueron muy violentas. La Marina arrojó bombas sobre la destilería de Mar del Plata y amenazaron con hacer lo mismo en La Plata, lo que habría matado a miles de personas. Con tal de echarme, los gorilas me hubieran revoleado por la cabeza hasta su propia madre envuelta en cartuchos de dinamita.

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Se nos fue un poco la mano…

Miles de héroes argentinos y peronistas resistieron valientemente el golpe militar, pero no fue suficiente para frenarlos. Hombre pacífico, desde que conocí la España de posguerra tuve pavor al enfrentamiento entre hermanos. Así que para evitar derramamientos de sangre, decidí renunciar.

El 19 de septiembre me calcé el gorro pochito, dejé bien guardada la siambretta, hice las valijas y firmé mi renuncia indeclinable. Con lo puesto, me asilé en la embajada de Paraguay, donde me tomé un helicóptero que me dejaría en una cañonera rumbo al país del norte. Comenzaba así un exilio cruel y añorante que duraría 18 años.

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Fue así, pero con un poco más de onda y una cañonera paraguaya

Pocos días después, el 23, Lonardi salía al balcón de la Casa Rosada, donde un aluvión zoologico de gorilas lo recibía triunfante Como el hombre al fin y al cabo era peronista, alzó los brazos y estuvo a punto de gritar “¡Compañeros!”. Después se recató y prefirió emular a Urquiza con eso de “Ni vencedores ni vencidos”. Cuestión de gustos.

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Toda esta gente también era peronista, pero todavía no lo sabía.

El problema, en definitiva, no era Lonardi, que representaba el ala católica nacionalista del golpe. El problema eran el General Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas, del sector liberal, que lo derrocaron a los 52 días porque el muchacho se les estaba pasando de peronista. Ahí comenzó de verdad la Restauración Gorila-Oligárquica de la Libertadora.

0916-rojasaramburu.jpgNo me alcanzaría el blog para enumerar todas las atrocidades que hicieron estos muchachos. Desde el acuerdo con el FMI hasta la derogación de la constitución del 49. Desde la destrucción de todas las conquistas sociales hasta la desarticulación de los sindicatos. Desde la proscripción del peronismo hasta los fusilamientos de José León Suárez. Desde el robo del cadaver de Evita hasta convertir al caballo pinto en mortadela. Una desgracia.

Todo lo que se había logrado durante mis dos primeros gobiernos fue sistematicamente destruído por la Revolución Libertadora, y nunca se logró recuperar. De ahí la famosa sentencia “No es que los peronistas hayamos sido buenos, es que los que vinieron después fueron peores que pegarle a la madre”. O algo parecido.

Soy un hombre que sabe reconocer sus errores, y puedo decir que tal vez me haya ido un poco de mambo con la censura y con algunos presos políticos, algo que admití tiempo atrás. Pero la violencia de la Libertadora, la brutalidad de la represión, hizo que, años después, muchos compañeros se volcaran ellos mismos a la violencia. Y de eso no me pueden culpar aunque intenten.

No quiero, sin embargo, hacer un acto reivindicatorio. Ya hay unos buenos muchachos que se juntan hoy en Recoleta a recordar las viejas buenas épocas de Aramburu. Sólo quiero rescatar estos hechos nefastos para que no vuelvan a ocurrir, sea cual fuere el destino que tome nuestro país. Porque en paz y sin violencia, ahí sí no hay nada mejor para un argentino que otro argentino.

Les envía un saludo fraternal
Juan Domingo Perón.

La quema de los Ferrocarriles Peronistas

Por Juan Domingo Perón | 10 de Septiembre del 2008 | 4 Comentarios

Perón CumpleLa semana pasada, mientras el Ministerio de Economía me avisaba que no iban a pedirme aportes para pagarle al Club de París, me enteré de lo que pasó en mi bienamado Ferrocarril ex-Sarmiento.

Parece que el servicio funciona mal, los coches están en mal estado, hay demoras todos los días y la gente viaja muy apretada. Eso fue al menos lo que me contaron, porque yo hace mucho que no viajo en Ferrocarriles Argentinos. Y parece que la historia se repite en todas las líneas.

Me contaron también que ese día nefasto, el tren se demoró, como todos los días. No sé muy bien qué pasó, pero parece que la gente se cansó y -empujada por algunos infiltrados que nunca faltan- entró a quemar y cascotear todo al grito de “esto con Perón no pasaba”. Como corresponde, bah.

No es que me moleste el incendio, que al fin y al cabo se inscribe en una larga historia de piromaníacos peronistas: desde Nerón, Nerón qué grande sos, pasando por la quema del Jockey Club, hasta el cajón de Herminio Iglesias. Allí donde haya una injusticia, habrá un peronista bien predispuesto a dar una mano, o prestar una antorcha.

Herminio Iglesias
Un héroe peronista

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Entrevista a The Peronists: “Perón es hipnótico”

Por Juan Domingo Perón | 7 de Agosto del 2008 | 2 Comentarios

Me bajé del pinto en Tucumán al 400 y lo até a un buzón, porque con el precio de la nafta no quería sacar a pasear la siambretta, menos de noche. Igual caminé un par de cuadras por la zona, para recordar las viejas buenas noches de fines de los ‘40, cuando visitábamos los tugurios del bajo con Juancito Duarte. Hasta que me dejé de añorar y entré al bar estrafalario ese.

Estaba ahí para charlar con Federico Sánchez, el líder de The Peronists, a quien había conocido en uno de sus conciertos. El show audiovisual que dió entonces me dejó tan impresionado que me puse a escuchar sus discos ni bien llegué a casa en San Vicente.

The Peronists es una banda de cumbia, un género que no conocí hasta bien entrado los ‘90, de la mano de los mozos de cordel en la Chacarita que trabajaban con la Spika prendida. Pero no se parece en nada a eso: es una cumbia electrónica, deforme, con el ritmo alterado, hipnótica, remezclada.

The Peronists en vivo: Federico Sánchez y Lucas Gorthiry (Foto gentileza Mark van der Aa)
The Peronists en vivo: Federico Sánchez y Lucas Gorthiry (Foto gentileza Mark van der Aa)

La banda es una “formación especial”: Sánchez puede tocar solo, o acompañado por el guitarrista Lucas Borthiry, o integrar trombones, percusión, violines y bajos hasta llegar a nueve integrantes. A mí, que me curtí con las orquestas típicas, con Gardel, Julio Sosa y Goyeneche, eso me fascinó e intrigó. Por eso, esperé a que el compañero terminara de pasar música y me dispuse a preguntarle el por qué de ese estilo extraño.

-De chico tenía dos casettes: uno de Nirvana, que me había pasado un pibe de la normal, y otro de cumbia. A mí me gustaban las que tenían punteos de guitarra porque yo era guitarrista. Era eso y el folklore, música coral, estaba en un coro de niños…

Todo muy lindo, pienso, pero no entiendo cómo alguien que escucha esa música termina tocando cumbias electrónicas en lugar de emular a nuestro querido don Atahualpa Yupanqui.

375943038_9579333f52_o.jpg-Yo vivía en el sur de Tucumán, en La Reducción. Era un barrio pobre, las casas eran una mierda, pero los chabones tenían unos equipos de música que si se juntaban todos les hacían el sonido a los Stones, ¿entendés? La música es invasiva: vos escuchabas lo que escuchaba el que tenía los parlantes más grandes. Charles Ives, un gran compositor yanqui, cuenta que flasheaba cuando se reunían las diferentes bandas sinfónicas, tocaban en el Central Park de New York, y se armaba una cosa muy loca. A mí me pasaba lo mismo pero con cumbia: yo estaba solo en mi pieza, escuchaba la cumbia de mi vecino, la de mi otro vecino y la de enfrente, y se me generaba así una deformidad muy loca.

-¿Y cómo llegó, compañero, de eso a componer su música?

-A mí me gusta trabajar mucho la textura de la música y me gusta la superposición de una cosa que sea muy simple y que se vuelva compleja: agarrar una melodía de los Pibes Chorros, sacarla del curso rítmico, dejarla arriba, superponerla cuatro veces desfasada, le cambio las notas… Sigo teniendo la esencia rítmica de la cumbia pero le puedo cambiar la textura, el timbre, la armonía, un montón de parámetros que hasta ahora están como están desde los ‘90. Así laburé en Nacionalismo Electrónico. Voy siempre buscando la hipnósis del trip hop, del chill out en esas improvisaciones. Es una búsqueda textural con ritmo hipnótico de cumbia.

En el nombre del Pocho
Federico Sánchez nació en Tucumán 1984 y al principio se dedicó al folklore. Luego estudió tres años de instrumentista en la Escuela Superior de Artes Musicales de la UNT y cuando terminó se mudó a La Plata para formarse como compositor en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP.

En 2004, el escritor Amadeo Gandolfo y él decidieron que la patria y el mundo tenían un agujero, una necesidad básica insatisfecha: tenía que existir una banda llamada “The Peronists”, cueste lo que cueste. Así que la crearon, y lanzaron el primer disco de cumbia experimental: The Peronists Make Noise, con temas como Eva está drogada o Menem me produce terror y un sonido que oscila entre la electrónica, la psicodelia, lo tropical y el noise. La pregunta es inevitable:

-¿Cómo o por qué le pone esos nombres a las canciones?

Medio que entro en trance y tiro nombres como los raperos, onda Santa Kristina Retención de Líquidos. Los voy anotando y despues hago una segunda seleccion y filtrado de palabras, pero es un momento aparte, al final de todo. Al principio, en el primer disco, era más para joder con el peronismo. En el segundo, Nacionalismo Electrónico, ya es más relacionado a lo que me flasheaban los temas sonoramente, y joder con otras cosas, como Bolacero Rapero Design.

-Disculpe la pregunta, pero lo vengo llamando “compañero” hace rato y no sé si usted es peronista. ¿Lo es?

Mi familia es radical, en serio. Cuando tenía tres años, mis viejos me hicieron sacar una foto con traje, haciendo así como Alfonsín.

Federico Sanchez
Federico Sánchez encarnando la “pesada herencia” de la familia radical. Foto: Juan Domingo Peron.

-Recuerdo que cuando lo fui a ver a Niceto, pasaban fotos mías y de Eva en pantalla ¿Y por qué incluye mi foto en sus discos y sus shows?

Eso lo hace VJ Vido, una video jockey amiga mía. Yo más o menos le voy dictando, que ponga cierta cantidad de iconografía peronista pero tampoco estar todo el tiempo poniendo caras de perón porque no da. Igual yo nunca puedo ver los sets del VJ porque estoy tocando, así que no sé lo que pasan.
La inclusión de iconografía peronista tiene que ver con el nombre y con decisiones estéticas visuales. Nosotros no ponemos “vote nada” o “Perón vuelve”; ponemos imágenes deformes. Hacemos la música que hacemos y usamos una estética que creemos de acuerdo al sonido, y usamos esos íconos. Podríamos haber usado montañas, banderas… Son simplemente signos fuertes, y por eso los uso. A mí me conviene poner tu cara en un vaso, molesto cognitivamente. Yo tengo tu atención, ¿qué hago? Juego al yo-yo o hago algo.

Un show de The Peronists
The Peronists en vivo: Federico Sánchez y Lucas Gorthiry. Foto: Germán Andrés Bonfá

-¿No tiene una visión político-histórica sobre el peronismo?

Yo vivo en el mundo del arte, ese es mi mundo, y de la política tomo esos signos y los uso. Me parece que el Peronismo es cualquier cosa: yo puedo ser peronista, cualquier cosa podría ser peronista, las velas, la coca, lo que sea, es justificable. El peronismo es tan polisémico como el arte. Uno escucha una canción, ponele de Spinetta, y uno flashea una cosa, otro otra, yo otra. El peronismo en teoría es una canción, uno entiende una cosa, otro agarra y dice que es peronista y es cualquier otra. Es polisémico, tiene muchos significados posibles.
Perón es irreproducible, el eslabón perdido. Hasta su timbre de voz tiene una cosa que es extraña. Nadie habla así. Nunca va a haber alguien que se parezca ni que hable como Perón. Es muy loco, es unívoco. Él también es hipnótico, un tipo que tiene un discurso que puede convencer a una montaña de que se transforme en mar. Y eso yo trato de trasladarlo a mi música. un discurso musical que sea capaz de hipnotizarte para un buen fin: tu trance y tu diversión.

-La diversión y el baile. Yo mismo, que no me muevo hace unas décadas, estuve sacándole viruta al piso toda la noche.

Yo busco trance, que es algo que le pasa al cerebro cuando se superponen dos ritmos diferentes (muestra un ejemplo chasqueando los dedos). El cerebro quiere bailar una cosa y el cuerpo no encuentra el beat, ahí entrás en trance. Es que si escuchás detenidamente, el beat es como que se pierde, se superpone, se cruza. Y la idea es colgarse y ahí que el cuerpo haga lo que quiera. Estamos tan estructurados para las cosas que nos tratamos de estructurar para bailar y la mejor forma de desestructurarse, la única, es volándose la cabeza.

Federico Sánchez se presentará este viernes en la Fiesta Compass de Niceto Club, en Niceto Vega 5510, Palermo. Para más información, click aquí.

El general rural

Por admin | 1 de Agosto del 2008 | 1 Comentario

Vaya a saberse quién fue el inoportuno que me despertó llorando. Pedía por favor mi general, dígame cómo hacer para terminar con los reclamos de tantos oligarcas. Le dije:

-Si es un problema con la tierra estamos jodidos, mi espíritu anda por abajo, entre raíces y napas freáticas como mareas.

Pero el cristiano actual no escucha, o se hace. Le interrogué la mente, algo que un alma en castigo sabe hacer muy bien. Y ahí me encontré con una avalancha de noticias inusitadas: hay pocos obreros industriales, la gente adinerada vive encerrada en barrios alambrados al lado de villas miseria, y la gran masa (la verdadera masa) no hace más que cobrar un sueldo del Estado. Un país de jubilados jóvenes. ¿Cuántos peronistas quedan?, pregunté al cerebro del visitante, y se desmayó. Mis dudas, evidentemente, superan la capacidad del mortal promedio. Lo que sí concluyo es que no hay liderazgo, o si lo hay, es para un espacio político reducido. La política argentina es un corralito de favores, al punto que la última novedad que pude obtener me hizo temblar las manos (con perdón de la expresión): La Nena llegó al sillón presidencial con un radical como vicepresidente. Se me vino el mundo encima, creí morir de nuevo.

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Encuentro con The Peronists

Por Juan Domingo Perón | 2 de Junio del 2008 | 20 Comentarios

El jueves a la tarde mateaba tranquilo cuando la redacción de Perfil.com me avisó que esa noche tocaba en Niceto una banda llamada The Peronists y que si quería podía ir a verlo. Como ya me estaba aburriendo y no tenía planes, empilché como dios manda (tuve que planchar las solapas anchas), agarré la siambretta y partí hacia Palermo.

Cuando me bajé de la moto y me saqué las estalactitas de la nariz (hacía un frío como para escupir bolitas), pensé que el barrio anda muy cambiado. Nada queda de los viejos talleres mecánicos, menos de los malevos borgeanos. Ahora está lleno de bares modernosos y gente estrafalaria, que en otra época seguro los hubiera mandado a cortarse el pelo. Lástima que salí sin tijeras.

Ni bien entré a Niceto Club me empezó a doler la cabeza. Ese bochinche a máximo volumen, las luces raras, y los mismos personajes extraños de afuera, pero potenciados, empezaron a afectarme. Un muchacho solidario y, sin dudas, justicialista, se habrá dado cuenta con sólo mirarme, porque enseguida vino y me ofreció un analgésico azul, redondo y gordo. Me pareció un poco caro, 70 pesos, pero ya se me partía el marulo así que acepté. Eso pasa cuando no se consiguen los genéricos.

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Cuando un amigo se viene

Por Juan Domingo Perón | 26 de Mayo del 2008 | 6 Comentarios

Cuando hace 60 años inauguramos los Torneos Deportivos Evita, la consigna era “Lo importante es participar”. Algunos dicen que el slogan era “Divertite, jugá al fútbol y partile una pierna a un compañerito gorila”, pero la verdad es que no me acuerdo.

“Lo importante es participar” es la frase que quiero rescatar hoy para un amigo que se vino de este lado. Bah, del otro lado del conurbano, porque a él lo pusieron en Pilar y yo acá en San Vicente. Me refiero a un peronista de ley -era abogado-: Ítalo Argentino Luder. Un compañero que, a pesar de los fracasos, siempre siguió participando.

A Ítalo no lo conocí como convencional constituyente en el ‘49, sino mucho después, en 1955, cuando la Revolución Fusiladora me derrocó. No contentos con eso, me iniciaron una causa por 121 delitos: “traición a la patria”, “enriquecimiento ilícito”, “escupir en la vía pública” y “pisar el césped”, entre otros. Continuar leyendo…

Haya paz

Por Juan Domingo Perón | 15 de Mayo del 2008 | 13 Comentarios

Ayer no fui a Almagro porque me enteré de que se jugaba la Libertadores y prendí la Spika para ver si el Chango Cárdenas me daba alguna alegría. Enseguida me di cuenta de que jugaba Boca, me acordé de la última vez que Racing jugó una copa, o que peleó aunque más no sea un torneo interbarrial, y pensé que ya no gano para disgustos. BlanquiCeleste Go Home. Néstor debería asumir en la Comisión Directiva más que en la Presidencia del PJ.

Más tarde me dí cuenta de que hice bien en no ir, pero por el tole-tole que se armó. No es que no me aguante un mano a mano con cualquiera. Es que siempre intenté evitar la violencia entre los compañeros.

Almagro

A veces la marcha peronista se va de mambo y se pasan con el pogo. Es normal.

Cuando el ejército me mandó en una misión de Estudios a Europa de en 1939, quedé muy impresionado por la España de la posguerra. La guerra civil había devastado todo, y no podía creer tanto daño entre hermanos. Desde entonces estoy en contra de la violencia: si los gallegos armaron semejante despelote, no quise imaginar lo que podría pasar en casa.

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Evita, otra mirada

Por Juan Domingo Perón | 4 de Mayo del 2008 | 32 Comentarios

Aprovechando que todos los gorilas seguro estarían comprando alpargatas al por mayor en el predio de La Rural, ayer me decidí a pasear por el centro e ir al cine.

La verdad es que me perdí: primero por Florida, no encontraba la calle Teniente General Juan Domingo Cangallo y ni siquiera las estatuas vivientes me supieron indicar.

Pero peor fue cuando llegué a Lavalle: Todo por dos pesos, Iglesias Universales del Reino de Dios, comederos para gringos; de todo había menos un cine como la gente.

Ni hablar cuando, esperanzado, me metí en unos que decían “Función Privada”. Habráse visto, casi me da un paro.

Hasta que encontré el Monumental y vi que justo tenían en cartel, recién estrenada, Evita, otra mirada.

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Saludo a los segundos

Por Juan Domingo Perón | 1 de Mayo del 2008 | 3 Comentarios

Un día como hoy, pero hace 122 años, miles de trabajadores proto-peronistas norteamericanos salían a las calles a reclamar por la liberación de su líder, eh, digo, por el viejo reclamo justicialista de jornada laboral reducida de ocho horas. Era el primer paso hacia el muy vernácula sueño de no trabajar: no por nada la movilización se había decidido en una asamblea celebrada un 17 de octubre.

Las marchas continuaron y unos días después, el 3 de mayo, varios trabajadores de Chicago fueron apaleados por las gorilas fuerzas de seguridad. En protesta, se convocó a otra reunión para el día siguiente en Haymarquet Square, donde se reunieron unos 20 mil trabajadores que fueron sistemáticamente apaleados y masacrados cuando la Policía se cansó de que les cantaran la marchita.

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