Junio 18, 2008 | Filed Under Notas Perfil.com | 1 comentario
La historia de los siete misioneros que llevó Luis D’Elía al acto de Cristina Kirchner prometiéndoles comida y “conocer Buenos Aires”.
“Estamos esperando que nos traigan el almuerzo, son las dos de la tarde y todavía no comimos nada”. Mirta De Lima está indignada. Tiene hambre. Viajó 14 horas desde Oberá, Misiones, para estar hoy en la Plaza de Mayo.
El movimiento Federación Tierra y Vivienda (FTV) que comanda Luis D’Elía le prometió el pasaje y la comida a cambio de su presencia en el acto de esta tarde transmitido por Cadena Nacional. Y Mirta aceptó por una sola razón: “Quería conocer Buenos Aires, a mi Cristina y su acto no me importan”.
Promesas incumplidas. El viaje no fue lo que esperaban. En la ruta hacía frío y los dirigentes a cargo del micro que llevaba a 48 personas decidieron comprar whisky en lugar de comida. “Compraron 5 botellas y el presupuesto para el grupo era de 300 pesos”, cuenta enojado José, otro misionero que se siente estafado.
A las dos y media de la tarde Mirta, José y cinco personas más -una de ellas embarazada y otra de apenas cuatro años- recibieron el almuerzo en una bolsa de nylon. Había pan, fiambre y mayonesa para un total de cinco sándwiches. Para tomar tenían una gaseosa de un litro y medio que les habían dado a las nueve de la mañana, cuando llegaron a la Plaza. Eso fue todo.

Los misioneros de D’Elía dicen estar acostumbrados a que los punteros políticos les ofrezcan comida a cambio de participar de movilizaciones. “Pero lo de hoy es una estafa, tenemos hambre”, repite Juan.
A pesar de la institucionalidad que profesa Cristina en sus discursos, el clientelismo político sigue intacto.
Nota: www.perfil.com
Mayo 28, 2008 | Filed Under En la calle | 10 comentarios
Félix Pérez vende café frente a la Plaza de Mayo. Tiene un carro oxidado y trece termos plateados llenos de bebida caliente. Este cafetero es un testigo privilegiado de los últimos años de la historia política de la Argentina.
Desde 1997 hasta hoy, Félix vende café y observa los pasos de los poderosos. Su puesto es inmejorable: durante ocho horas y de lunes a viernes se para sobre el cordón de la vereda de la Avenida Rivadavia al 300, en diagonal exacta a la Casa Rosada. Y desde allí lo mira todo.

El cafetero centinela vio llegar –y también irse– a ocho presidentes desde que empezó a vender café. El 20 de diciembre de 2001 fue testigo de la huida de De la Rúa. Y se jacta de su ubicación preferencial: “¿Sabés cómo se veía el helicóptero desde acá?”, cuenta orgulloso.
Pase lo que pase, Félix nunca abandona su puesto. No lo amedrenta ni la caballeriza ni las balas de goma ni nada: “Si se arma en la Plaza, la policía me avisa y me refugio debajo de un techo, pero sigo vendiendo igual”.
En 2003, lejos del conflicto que hoy enfrenta al Gobierno con el campo, Félix dice haberle servido un café a Alfredo De Angeli. “Vino con otros chacareros a pedirle a Kirchner que no les rematen los campos y se tomó un cafecito”.
El centinela de la Rosada prefiere a Néstor que a Cristina. “Ella no me gusta; llega tipo 11, no como él que llegaba bien tempranito. Yo la veo entrar a la Presidenta todos los días. Se baja del helicóptero y la traen en auto hasta la entrada y no sale hasta que se va”, cuenta con naturalidad y agrega: “En cambio al pingüino lo veía caminar todos los días, a la mañana y a la tarde, yendo y viniendo alrededor de la Rosada”.
Al que Félix prefiere ni ver es al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri: “A Mauri le tengo miedo porque no quiere a los pobres. Si los ve, les pasa por encima”.
El carro del cafetero carga -además de café- 5 docenas de facturas, 50 sándwiches, gaseosas, y 11 años de historia.
Abril 22, 2008 | Filed Under En la calle | 4 comentarios
Cuando no hay humo, la Plaza de Mayo al mediodía se convierte en un gran comedor a cielo abierto y repleto de palomas.
Empleados, cadetes, secretarias y oficinistas del microcentro porteño, eligen el sol para almorzar.
En grupo:

Con tuppers:

O con bolsas:

Son los que eligen -y pueden- salir de la oficina y respirar un poco. Los que prefieren el aire libre (de humo) y el pasto, al delivery en la oficina.
Vianda o delivery. ¿De qué lado estás?